Golpe al oxígeno del Cartel de los Soles: las lanchas caídas en el Caribe
El reciente ataque cinético ejecutado por el Comando Sur en el Caribe no es un hecho aislado. Representa la demolición sistemática de las rutas que el Cartel de los Soles utilizó por años para alimentar las arcas del crimen organizado en Venezuela.


El mar Caribe dejó de ser la autopista libre del narcoterrorismo. La reciente operación del Comando Sur a través de la Fuerza de Tarea Conjunta Hemisferio Occidental, que pulverizó una lancha rápida y neutralizó a cuatro narcoterroristas en una ruta estratégica caribeña, no es un hecho aislado. Es un golpe directo al bolsillo de una estructura mafiosa que durante décadas secuestró a Venezuela y convirtió a nuestras costas en el principal trampolín de cocaína hacia el mundo.
El financiamiento criminal en la mira
Para cualquiera que haya vivido y padecido la realidad de nuestro país, no hay misterio alguno: cada milla náutica del Caribe que sale de las costas venezolanas ha estado vigilada, tasada y controlada por el Cartel de los Soles y sus aliados criminales. Cuando una de estas embarcaciones es destruida en alta mar con su cargamento ilícito, lo que se está desmantelando no es simplemente una lancha; se está destruyendo el flujo financiero que alimenta el aparato represivo y las cuentas personales de la cúpula que saqueó a Venezuela.
El narcotráfico ha sido el oxígeno de esta organización criminal transnacional. Tras haber destruido la industria petrolera, arruinado a los empresarios privados y quebrado el aparato productivo nacional a punta de confiscaciones y burocracia corrupta, el régimen convirtió los cargamentos marítimos en su verdadero presupuesto paralelo. Celebrar que estas naves sean sacadas de circulación es celebrar que pierdan recursos para financiar el terror que impusieron a sangre y fuego a los venezolanos de a pie.
La cronología del frente caribeño
Aunque la mayor parte de las operaciones militares letales se concentró posteriormente en el Pacífico oriental, el Caribe fue el punto de partida y sigue siendo un teatro de operaciones decisivo. Desde septiembre de 2025 se ha ejecutado una doctrina militar implacable contra embarcaciones que la inteligencia clasifica como objetivos vinculados a organizaciones criminales designadas.
Haciendo memoria de los hechos documentados en aguas caribeñas, el patrón es claro:
- 2 de septiembre de 2025: El inicio de la campaña, con la destrucción de una embarcación vinculada a las costas venezolanas y a la estructura del Tren de Aragua, que dejó 11 bajas.
- Octubre de 2025: Múltiples ataques en las inmediaciones marítimas de Venezuela, incluyendo operativos el 3 y el 14 de octubre con diez fallecidos en total, y una interdicción posterior el 16 de octubre que dejó sobrevivientes bajo custodia militar.
- Mayo y junio de 2026: Nuevos ataques letales en corredores entre Venezuela y el sur dominicano, dejando un saldo de cuatro fallecidos directos y tripulantes desaparecidos.
- Agosto y septiembre de 2026: Tres ataques consecutivos en semanas clave (25 de agosto, 9 y 19 de septiembre) que sumaron once narcoterroristas neutralizados en rutas de tráfico rápido.
- Octubre de 2026: La operación más reciente, donde cuatro tripulantes armados y cargados de sustancias ilícitas fueron eliminados en un ataque cinético directo.
En total, el Caribe contabiliza entre 15 y 20 ataques letales documentados. No se trata de la antigua interdicción de guardacostas con remolcadores y trámites burocráticos; se trata de una acción bélica frontal contra quienes decidieron servir de mulas armadas a una mafia continental.
El fin de la coartada de los 'pescadores'
Es imposible olvidar cómo reaccionó la vocería chavista cuando comenzaron estos operativos. En las ruedas de prensa de Miraflores, en las alocuciones de Vladimir Padrino López y en los pasillos de las Naciones Unidas con Samuel Moncada, la retórica fue siempre la misma: victimizarse. Quisieron venderle a la comunidad internacional que Estados Unidos estaba bombardeando a 'civiles que no amenazaban a nadie' y que todo formaba parte de una conspiración para apoderarse de los recursos del país.
Montaron un teatro grotesco reuniendo a supuestos familiares en la Asamblea Nacional con Jorge Rodríguez a la cabeza, intentando pintar a curtidos operadores del tráfico marítimo clandestino como humildes trabajadores del mar. Pretendían tapar el sol con un dedo. Nadie que navega en una lancha ultrarrápida, sin identificación, con motores de alta potencia y fardos de droga en rutas vedadas es un pescador artesanal.
Esa manipulación se les cayó por su propio peso. Al criminal se le combate con la fuerza de la ley y con determinación militar, porque a las organizaciones terroristas transnacionales no se les conmueve con discursos. Las operaciones en el Caribe continúan demostrando que el cerco a las mafias que destruyeron a Venezuela no tiene marcha atrás.
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